Este martes 3 de marzo se cumplió un mes de la aquella siesta triste, impensada. De ese llamado a los gritos “Se quema, se quema la Sala” que todavía retumba.

“Volé, puedo hacer el camino de mi casa a la Sala con los ojos cerrados, son 35 años de hacerlo todos los días de mi vida”, recuerda Hugo Blotta, referente histórico de la cooperativa de teatro y fundador.

“Cuando llegue quise entrar a sacar equipos y un bombero me dijo –Los héroes muertos no sirve para otra batalla, espere jefe, ya veremos que se salva- como vaticinando las muchas batallas que vienen”.

Blotta hace una pausa y cambia de tema: “lo que te mata es el olor a hollín, las cenizas se te meten entre las uñas y lo más terrible es el silencio de la sala vacía, porque es un silencio distinto, vacío, triste, solo interrumpido por el maullar de un gato ocupa que merodea la Sala desde el día del incendio”.

Mirando los escombros aparecen cosas negras, derretidas, semiquemadas, cada una con una anécdota. “Dicen en el ambiente teatral que soy un gran contador de anécdotas, pero está quisiera no tener que contarla”, expresó el fundador de la cooperativa.

La pregunta obligada es entonces ¿qué se salvó? Y la respuesta es casi una mueca: “nada, casi nada”. Blotta enumera las pérdidas de memoria: “10 equipos de aire acondicionado de 6 mil a 18 mil frigoría, 25 ventiladores, 110 artefactos de iluminación teatral de distinto tipo, 30 artefactos led de iluminación domiciliaria, dos proyectores de video, 6 computadoras, 2 notebook, equipos de sonido de las dos salas, micrófonos, telones, el escenario completo de la sala Principal, 85 butacas, ya no existen más el camarín, cocina de uso diario y el deposito (lo que quedó se demolió) la sala Principal tiene más de la mitad del techo seriamente comprometido,700 metros cuadrados de cielo raso.

¿Cuál es el número de la perdida? Blotta se encoge de hombros y vuelve a sonreír forzadamente. “No quiero decir ni más ni menos, hay un grupo de la Escuela Industrial, amigos de juventud, que están trabajando en eso, pero ¿cómo calcular?, lo que en el 2007 nos costó $35.000 hoy sale un millón, y no es una forma de decir”.

Cuál es la ayuda oficial es otro de los interrogantes. El Instituto Nacional del Teatro prometió una ayuda extraordinaria, aun sin números. El gobierno provincial por medio de un mensaje del Gobernador prometió que todos los recursos del estado estarían disponibles para ayudar en la reconstrucción, pero todavía no hubo audiencia con él por lo que no hay números concretos.

Destacó que el Infraestructura de la provincia se hizo cargo de la limpieza y demolición de lo que estaba comprometido y que el ministro visitó la Sala, “Pero sobre la reconstrucción no tenemos número, ya pedimos audiencia formalmente con Capitanich y estamos a la espera.”, expresó.

“Mi aspiración es lograr algo expeditivo como fue el museo de Humberto Gomes Llollo, una obra hermosa que se concretó en 6 meses, porque el tiempo nos juega en contra”, dijo Blotta. Es que 30 personas viven de la Sala, más los grupos y academias que la usan para dar sus funciones, los niños y niñas que partían de los talleres.

“La gente nos demostró el afecto y no nos permite aflojar”, reconoce Blotta con una sonrisa triste.  Más de 600 personas asistieron a los cuatro eventos que hicieron en la vereda -donde los vecinos se bancaron el corte de calle-, la municipalidad aporto energía y corte de pasto, Sameep baños químicos, el Cecual y Fernando Alsina equipamiento, José Rodríguez fletes, el Instituto de Cultura disponibilidad de persona y de gestiones, la Cámara de Diputados también estuvo presente.

Actores y actrices actuales y de épocas pasada se aunaron en el trabajo, los correntinos del Patio Cultural se cruzaron, y junto a más otras 50 personas, limpiaron 200 sillas llenas de hollín; en un evento que organizó Achasodia y el Fogón de los Arrieros se agotaron las entradas.  , el sindicato de Prensa y Achasodia nos prestaron sus salones para que terminen las clases de la colonia y comiencen los talleres anuales.

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