President-elect Joe Biden puts on his face mask after introducing nominees and appointees to key national security and foreign policy posts at The Queen theater, Tuesday, Nov. 24, 2020, in Wilmington, Del. (AP Photo/Carolyn Kaster)

El presidente Joe Biden revirtió una de las medidas migratorias más cuestionadas de la era Donald Trump con la suspensión de los acuerdos que Estados Unidos había firmado con los tres principales países de origen de los migrantes y refugiados de Centroamérica. 

Los llamados acuerdos de «tercer país seguro» buscaban evitar que los migrantes pidieran asilo en territorio estadounidense. La suspensión tiene efecto inmediato e implica que los solicitantes de asilo no tendrán que iniciar forzosamente el trámite legal en El Salvador, Guatemala u Honduras y esperar desde allí los resultados. El secretario de Estado Antony Blinken dijo que de esta forma el gobierno de Estados Unidos da los «primeros pasos concretos» para lograr una mayor «asociación y cooperación» en la región.

En los días previos a la asunción de Biden como presidente, miles de hondureños emprendieron una caravana migrante con la intención de llegar Estados Unidos, pero fueron reprimidos y varios de ellos detenidos en Guatemala.

Tras la política de cierre de los últimos cuatro años, la nueva administración estadounidense busca enfocar de manera distinta la relación con Centroamérica. Hasta el momento, por ejemplo, buscó distintas vías para suspender las deportaciones de forma temporaria y dar garantías a los migrantes ilegales que llegaron al país siendo menores, los llamados «dreamers».

El fin de los ACA

«Estados Unidos suspende e inicia el procedimiento para rescindir los Acuerdos de Cooperación de Asilo (ACA) con los gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras como los primeros pasos concretos para una mayor asociación y cooperación en la región», informó el Departamento de Estado en un comunicado firmado por su titular Antony Blinken. En su cuenta de Twitter había anticipado que su gobierno buscaba impulsar una «migración regional segura, ordenada y humana».

Según los acuerdos firmados en 2019 producto de una fuerte presión de Washington, al considerar a estos países centroamericanos (tres de los más violentos del mundo) como seguros, los demandantes de asilo que pasaran por esos territorios en su camino a Estados Unidos estaban obligados a iniciar y esperar el trámite allí. De no hacerlo, inhabilitaban por completo sus chances de obtenerlo.

Hasta febrero de 2020, según datos oficiales de Guatemala, aproximadamente 700 migrantes hondureños y salvadoreños fueron deportados desde Estados Unidos a Guatemala bajo el marco del ACA. El gobierno guatemalteco ya había informado el viernes pasado que Estados Unidos pondría fin al acuerdo firmado en julio de 2019 por el gobierno de Trump y el presidente local en aquel momento, Jimmy Morales.

Las transferencias bajo el convenio entre Estados Unidos y Guatemala estaban suspendidas desde mediados de marzo de 2020 debido a la pandemia de coronavirus, y los acuerdos con El Salvador y Honduras nunca llegaron a implementarse, explicó el Departamento de Estado.

Ante las expectativas que el gobierno de Biden está generando con la suspensión y la marcha atrás de muchas de las trabas migratorias impuestas por Trump, Blinken aclaró que ninguna de estas medidas «significa que la frontera de Estados Unidos quede abierta». «Aunque estamos comprometidos con expandir las vías legales para la protección y las oportunidades aquí y en la región, Estados Unidos es un estado con fronteras y leyes que deben respetarse», destacó el funcionario.

Una semana atrás, Biden había firmado tres decretos para contrarrestar las «malas» políticas migratorias de su antecesor. Entre ellas, presentó una propuesta para otorgar la ciudadanía a entre 9 y 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país y suspendió la construcción del muro fronterizo con México.

El mandatario demócrata ordenó crear un grupo de trabajo para reunificar a los menores que fueron separados de sus padres tras cruzar la frontera y dio instrucciones para revisar el programa Protocolos de Protección a Migrantes, también conocido como «Quedate en México», por el cual más de 60 mil solicitantes de asilo fueron devueltos a ese país a la espera del proceso.

Otro de los planes de Estados Unidos consiste en ayudar al llamado Triángulo Norte de América Central con el objetivo de promover las oportunidades para las personas y las comunidades en toda la región. 

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reveló un día después de su primera conversación telefónica con Biden desde que el mandatario demócrata llegó al poder que Estados Unidos se comprometió a destinar 4 mil millones de dólares para impulsar el desarrollo de Honduras, El Salvador y Guatemala y frenar así la migración forzada.

En los últimos meses se registró un importante aumento en la llegada de migrantes indocumentados a la frontera de Estados Unidos con México. Los republicanos, defensores a ultranza de las políticas restrictivas de Trump, entienden que esa tendencia se mantendrá ahora que Biden llegó a la Casa Blanca y empezó a desenredar la maraña de medidas migratorias del magnate republicano.

El presidente demócrata expresó la semana pasada su voluntad de abordar las «causas profundas» de la migración centroamericana, argumentando que el empeño de Trump en construir un muro en la frontera hizo que se descuidara el estudio de los motivos reales que llevan a los ciudadanos a emigrar.

En ese sentido, Biden firmó una orden ejecutiva en los últimos días para  «proporcionar un procesamiento seguro y ordenado» de los solicitantes de asilo en la frontera.

Fuente: Página12

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