‘Black Phone’ es la nueva colaboración del director Scott Derrickson y el coguionista C. Robert Cargill, con quien previamente trabajó en ‘Sinister’ y ‘Doctor Strange’, tras su espantada de Marvel y abandonar ‘Doctor Strange en el Multiverso de la locura’. Ahora regresa al género en el que despuntó y aborda un tema aterrador.

Basada en un cuento de Joe Hill, la película trata sobre un barrio de Colorado que se ha visto paralizado por una oleada de secuestros en plenos 70.

Un niño llamado Finney (Mason Thames), cuyo buen corazón le convierte en objetivo para los matones de la escuela, y su hermana más joven y malhablada (Madeleine McGraw), la luchadora de la familia en un entorno deprimente con un padre alcohólico que les azota, deben afrontar una terrible realidad.

Los niños llevan desapareciendo en su ciudad desde hace bastante tiempo y los lugareños llaman al autor misterioso El captor (Ethan Hawke), y todo se complica cuando Finney se convierte en una víctima de este secuestrador de niños.

Finney debe encontrar una manera de superar su miedo y salir de su prisión en el sótano, pero tiene una ayuda inesperada en un teléfono negro en la misma habitación, y aunque está desconectado lo oye sonar.

Una típica premisa de concepto que se convierte en una perfecta trama de elementos limitados, muy al estilo de los últimos éxitos Blumhouse pero llevada aquí a otro nivel gracias a la dirección de Derrickson, una estupenda ambientación de los 70 y una expansión del tema del secuestrador con diversa imaginería macabra asociada.

El ADN de Stephen King en cada imagen

‘Black Phone’ se la juega al tratar de incluir situaciones sórdidas de la vida real como los secuestros, el abuso infantil y otros hechos terribles, pero resulta muy efectivo a pesar de la inclusión de elementos sobrenaturales.

La cantidad de violencia contra niños es impactante, y se convierte en un tema general, ya sea por situaciones domésticas, peleas entre ellos absolutamente brutales o escenas gráficas con adultos. Parece que Derrickson incorpora muchas experiencias propias, recuerdos y apuntes que buscan retratar el aspecto trágico del retrato.

Esto se traduce en una combinación de diferentes tipos de ruta hacia el miedo en pantalla sin hacer que una parezca más importante que otra.

Antes de que secuestren a Finney, ‘Black Phone’ construye un mundo ambientado en 1978, que retrata una época violenta donde se ha asimilado que el bullying se hace cara a cara y los problemas se solucionan a puñetazos.

Ahí aparece el villano, un psicópata con máscara interpretado por un sorprendente Hawke, capaz de convertirse en un hombre tan cobarde como aterrador y grimoso.

Durante la gran mayoría de la película, el actor lleva una máscara de diablo segmentada diseñada nada menos que por el legendario Tom Savini, que en el cuento original de Hill de 2004, The Grabber era un payaso.

Tras el éxito de ‘IT', Hill sugirió que se actualizara ese aspecto y a Derrickson se le ocurrió la idea de crear una máscara de tres piezas a través de la cual se pudieran ver los ojos en varios cambios y combinaciones.

Una iconografía instantánea a un asesino que parece inspirado en John Wayne Gacy, pero evita imitar el atuendo de payaso del mismo.

Los globos negros son un elemento prestado de la película ‘Possum’ y mucha imaginería está llena de influencias de la obra de Stephen King, tanto su odisea en Derry como ‘El resplandor’ y otros trabajos.

El segundo gran elemento es el propio Finney, el personaje más importante que transmite su aprendizaje con naturalidad, aunque la MVP de la película es Madeleine McGraw, quien interpreta a la hermana menor robando cada escena en la que aparece, con espontaneidad y muchísima gracia.

‘Black Phone’ es un gran regreso a la forma de Derrickson, que maneja igual de bien la idea escalofriante los crímenes atroces al lado de tu casa, de formas que borra completamente películas como ‘Verano del 84’, y el relato sobrenatural arquetípico, actualizando la idea de películas como ‘El último escalón’ (1999) y otros nuevos clásicos del terror urbano estadounidense, donde el rastro de Matheson y el de King se elevan con la inigualable destreza para representar lo macabro de un director que tiene ya suficientes obras clave en el género como para considerarse uno de los grandes del horror contemporáneo.

Fuente: Espinof