Hace casi dos décadas desde que el hasta entonces actor Tom McCarthy llamó la atención de todos con su debut en el largometraje, la inolvidable ‘Vías cruzadas’. La película, además de disparar la carrera de Peter Dinklage, se convirtió en una de las favoritas de los aficionados a ese lado del cine independiente.

Con ‘Cuestión de sangre’ (‘Stillwater’), presentada en el Festival de Cannes y ya en cines, McCarthy confirma que es uno de los cineastas indispensables del nuevo Hollywood y ofrece a Matt Damon la oportunidad de brillar como nunca había hecho.

En la línea de su ganadora al Óscar a la mejor película (y a mejor guión), ‘Cuestión de sangre’ es un conmovedor drama social con tintes de thriller. Vamos, un título de los que atraen a los espectadores que buscan una historia con fondo por encima de la forma. Cinco años después ‘Spotlight’, McCarthy se siente aliviado de haber podido rodar este proyecto madurado durante años. Ese alivio de alguna manera también se intuye en el resultado final.

Lo hace gracias al sensacional trabajo de Matt Damon, actor que había eludido las ofertas de McCarthy durante años. El director, admirador de la estrella, no pudo conseguirlo para su drama periodístico, aunque el actor insistió en que siguiera enviándole guiones. En esas estábamos cuando llegó el guión escrito junto a Marcus Hinchey, Thomas Bidegain (‘Un profeta’) y Noé Debré (‘Dheepan’). Con un rodaje prácticamente íntegro en la ciudad de Marsella, ‘Cuestión de sangre’ ha unido a director e intérprete en una película notable. La garra de los europeos se deja ver en la película. Mucho.

Viudo, sobrio y sin trabajo, un padre desencantado viaja de Oklahoma a Francia para intentar ayudar a su hija, en prisión por un asesinato que asegura no haber cometido. La sinopsis bien podría haber sido un nuevo vehículo de acción para Liam Neeson, o incluso para el propio Damon, pero McCarthy sabe lo que quiere, y eso es exactamente la película. Un doloroso drama paternofilial alrededor del mundo. Un mundo que, aunque no lo parezca, no deja de cambiar. Seguramente para mal.

De los escombros de un huracán a las migajas anímicas que aún quedan dentro de su protagonista, todo en este ‘Stillwater’, título que responde a la localidad natal del personaje de Damon, es material de derribo emocional. En el buen sentido, por supuesto. Nunca antes Damon se había mostrado tan humano, tan vulnerable. Un padre condenado al fracaso que intenta hacer las cosas bien de la peor manera posible.

La estrella de la saga de Jason Bourne, ya sobrepasados los 50, ofrece la interpretación más enternecedora de su trayectoria y se convierte en candidato a recibir todos los premios de la temporada con su Bill Baker nacido y criado en Stillwater, Oklahoma, una tierra hermosa y desolada, un paisaje marcado por pozos de petróleo y devastado por tornados.

Un paisaje geográfico y humano con mucho en común. A pesar del drama, ‘Cuestión de sangre’ mantiene la tensión con algunas secuencias increíbles, como la del Vélodrome. McCarthy compone una película que casi siempre acierta, a pesar de su duración, y sigue demostrando que estamos ante un excelente y muy clásico contador de historias. Aunque a Amanda Knox no le haya gustado.

¿Existe una única verdad? En ‘Stillwater’ conviven las de un perforador de petróleo católico de Oklahoma, la de una actriz y madre soltera y la de la hija encarcelada del protagonista. Entre estas realidades enfrentadas, hay un sinfín de matices y secretos que ayudarán a lograr una redención en busca de uno de esos finales que solo pasan en el cine. Afortunadamente, los matices de esas metas hace tiempo que también se cuestionan en la gran pantalla.

Fuente: Espinof

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