Jair Bolsonaro asumió la presidencia con un programa económico ortodoxo basado en privatizaciones y ajuste fiscal. Sin embargo, durante dos años y dos mese de gestión ese plan no pude llevarse a la práctica como su ministro de Economía, Paulo Guedes, lo tenía pensado.

La necesidad de acuerdos políticos para obtener gobernabilidad y la pandemia obligó al gobierno a cambiar el timón y enfocar sus esfuerzos en contener el desborde social y retribuir favores político para sus aliados.

Los militares comenzaron a tener mayor incidencia en las decisiones económicas y avanzaron en la implementación del Auxilio de Emergencia para los afectados por la pandemia y proyectan un plan de infraestructura que genere empleo.

Esta heterodoxia económica colisionó con la mirada fiscalista del equipo económico que no mira con agrado el aumento del gasto y la ruptura del tope establecido en la Constitución. El dilema para Bolsonaro no es fácil, o avanza con un plan desarrollista cómo quieren los militates y el Centrao o mantiene la confianza de los mercados como garantiza Paulo Guedes.

LPO conversó con un operador en uno de los principales fondos de inversion de Brasil y brindó algunas precisiones respecto a como estaño viendo los mercados la situación actual del país.

En primer lugar, planteó que «la relación del mercado con Bolsonaro no es tan cercana como al principio. El mercado tiene más desconfianza porque están viendo que Bolsonaro no esta completamente alineado con las políticas de Guedes».

La habilitación del aumento de gasto público via Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC) es, para los fondos de inversión, una muestra de que Bolsonaro esta muy preocupado por la reelección y eso podría generar un viraje «populista» de cara al 2022.

Fuente: LPO

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