Más allá de algunos antecedentes polémicos, sobre todo con Guillermo, la designación de Rapallini no cayó nada mal. Enterate por qué…

Desde hace un largo tiempo, cualquier designación arbitral para un superclásico siempre genera reacciones. Por lo que hubo en juego últimamente, por los antecedentes a favor o en contra, por alguna discusión… Siempre, pero siempre, la pregunta se repite:

¿qué piensan adentro de esa elección? Y en Boca, la nominación de Fernando Rapallini para el Súper del domingo no pasó inadvertida. ¿Para bien o para mal? Contrariamente a lo que podría pensarse, para bien.

Es cierto que Rapallini no tiene un registro súper positivo dirigiendo a Boca: ganó ocho, empató tres y perdió cinco. También es verdad que, en el último tiempo, tuvo algunos episodios polémicos, como su cruce con Gago y Guillermo en el 3-3 contra Huracán del 2018, o su aviso para expulsar al Mellizo, como cuarto árbitro, en la final de la Supercopa Argentina contra River. Pero…

Puertas adentro, el primer punto (lo estadístico) lo consideran una cuestión meramente deportiva. Y el segundo, un duelo particular con Barros Schelotto. «El problema era entre ellos, no con Boca. No se llevaban bien. Tenían una pica especial. Por eso chocaban tanto», cuentan. Y por otra parte, hay quienes recuerdan que Rapallini fue el árbitro principal del último título que ganó el Xeneize: la Supercopa Argentina que se disputó este año, ante Central.

Por todo, si bien el platense dirigirá su primer superclásico y no tiene antecedentes directos, en Boca lo consideran «el mal menor». Es decir, en esa típica desconfianza tan clásica del fútbol argentino, en el Xeneize cayó bien que la designación no tuviera otros nombres. «Peor era si nos tocaba Pitana, Loustau, Delfino o Vigliano», aseguraron. ¿Cómo será el domingo?

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