Su actuación y su herencia política serán objeto de discusión durante mucho tiempo. Pero la sucesión de Angela Merkel, que comenzó esta noche con enormes incógnitas al conocerse los resultados de las elecciones generales, moviliza toda la atención del mundo y en particular de la Unión Europea (UE).

Todas las capitales del bloque coinciden, sin embargo, en que el mundo de la canciller saliente ha dejado de ser el mismo y que, para avanzar, Alemania deberá superar el “merkelismo”.

Europa es consciente también de que la próxima coalición que surja de estas elecciones será determinante para el futuro de la aventura comunitaria. Cuando la primera economía del bloque cambia de patrón, sobre todo al salir de una de las peores crisis que conoció el continente, el tema es crucial.

La primera cuestión para la Unión en este momento es cuánto durará la secuencia electoral. En 2017, fueron necesarios cinco meses para la formación de una coalición (entre los socialdemócratas del SPD y los conservadores de la CDU-CSU).

“Durante todo ese tiempo, para los europeos, Alemania fue un socio que no respondió al teléfono”, señala Sebastien Maillard, director del Instituto Jacques Delors.

En claro, sobre cuestiones estratégicas –clima, defensa, reglas presupuestarias, relación transatlántica, migración, Estado de Derecho– nada sucederá hasta que se instale el próximo gobierno. Y a juzgar por los resultados, eso podría llevar meses, durante los cuales la acción europea podría ser colocada en “pausa”.

Más optimista, Geneviève Pons, directora en Bruselas del Instituto Delors, estima que aun cuando la CDU no consiguiera retener el poder, sus rivales “todos muy marcados por los años Merkel, por su actitud y su compromiso europeo, querrán testimoniar rápidamente de su propia voluntad de avanzar”.

“Nuestro deber es preocuparnos de que Europa progrese”, declaró días atrás el líder de la socialdemocracia (SPD) y ministro de Finanzas del gobierno saliente, Olaf Scholz.

Pero ciertos partidos alemanes, como los Verdes o los liberales del FPD, que podrían integrar la próxima coalición, no estuvieron en el poder desde hace mucho tiempo.

“Hay que anticipar un período de aclimatación”, señala un diplomático. Solo Scholz dispone de una sólida experiencia ministerial y un buen conocimiento del arte de la negociación europea. Los otros –Armin Laschet por la CDU-CSU, Annalena Baerbock por los Verdes, Christian Lindner por el FDP– tienen que aprender casi todo.

“Herencia ambigua”

En cualquier caso, el futuro canciller no tendrá la experiencia de Merkel, aun cuando esta no haya sido una gran visionaria para Europa.

“Su herencia es ambigua. Pero, con los años, adquirió un verdadero savoir-faire en la mesa del Consejo Europeo para crear compromisos y administrar las crisis”, señala Paul Maurice, investigador en el Comité de Estudios de Relaciones Franco-alemanas.

“Esas crisis hicieron evolucionar su análisis y su discurso. Siempre guiada por la idea de que lo que era bueno para Alemania era bueno para Europa”, agrega.

Clément Beaune, secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, asegura “no estar inquieto en cuanto a la orientación europea del futuro gobierno alemán”. Sobre todo cuando el “balance europeo de Merkel, en particular sobre la mutualización de la deuda, compromete a sus sucesores”.

Otra cuestión crucial es la futura Europa de la defensa. En ese debate, mientras la CDU apoya su creación, el SPD y la izquierda de Die Linke son menos entusiastas.

Segunda línea de fractura entre conservadores e izquierda –apoyada por los Verdes– son los esfuerzos que deben realizarse para respetar los acuerdos de París sobre el clima y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.

Pero lo que más inquieta al bloque es la futura posición de Berlín sobre los criterios de convergencia de Maastritch.

Ante el aumento extravagante de la deuda europea durante la pandemia, varios países –entre ellos, Francia e Italia– militan por una reforma sustancial de esos criterios, que prohíben a los Estados superar el 3% de déficit del PBI y el 60% de la deuda pública, mientras que los adeptos de la austeridad en Berlín no quieren ni hablar de la cuestión. Los conservadores, y sobre todo los liberales del FDP, lo recordaron durante la campaña.

En ese contexto, la ausencia de Merkel, eterna mediadora, podría provocar un bloqueo de las instituciones europeas. Si el próximo canciller no emana de la CDU-CSU, el Parlamento Europeo podría convertirse en una verdadera fuerza de obstrucción.

Ante tanta incertidumbre, existe sin embargo una certeza: el mundo en el que actuó Merkel ya no es el mismo. Una encuesta reciente realizada para el think tank European Council on Foreign Relations (ECFR) en 12 países de la UE demuestra, por un lado, la formidable popularidad de la canciller. Pero, por otro, revela la escasa credibilidad geopolítica de Berlín: la confortable Alemania de Merkel ha dejado de ser una potencia en ese terreno, porque el mundo que permitió el éxito de la mujer que se prepara a entrar en la historia cambió.

“Para asumir esa famosa responsabilidad ante Europa, Alemania debe reinventarse. Y superar el merkelismo será la mejor forma de preservar la herencia de la canciller”, analiza Piotr Buras, otro experto del ECFR.

Pero ¿Cuál es ese fin que representa Merkel? El fin de un estilo, de una cierta moral, de una solidez. De un pilar en un mundo complicado y turbulento. De un centrismo radical, político y diplomático. También de una época, cuando Alemania podía servir en prioridad sus intereses económicos, cobijarse tras la Alianza Atlántica (OTAN) y evitar asumir su parte de responsabilidad en la preservación del orden internacional y europeo.

El próximo canciller tendrá la tarea de definir para su país una línea más clara en política extranjera, sin perder de vista la necesidad de una mayor responsabilidad de Alemania en el orden europeo.

Fuente: LN

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