Sin conflictos bélicos o cruzadas épicas como las que definen ese campo de escritura que a lo largo de veinte años la convirtieron en referente de la novela histórico romántica y en la autora más vendida de la Argentina, Florencia Bonelli vuelve a explorar la pasión amorosa en su novela “La tía Cósima” a través de una trama contemporánea situada en la geografía porteña sobre la mutación de una relación que comienza con un episodio de buylling y pone a prueba la resiliencia de los personajes.

Hace más de dos décadas que Bonelli decidió abandonar su profesión de contadora pública para explorar, curiosamente, otra acepción de ese mismo dúo de palabras, ya no vinculado a los números o al estado patrimonial de las empresas sino al registro de historias que hasta entonces escribía durante la madrugada, contrabandeando algunas horas al sueño porque el resto del tiempo se lo llevaba su cargo ejecutivo en un organismo público.

El nuevo oficio llegó asociado con una pasión documentalista que la llevó a sumergirse en libros y archivos de época para reconstruir el marco de sus novelas, ninguna con un contexto de época similar a las precedentes: la Buenos Aires virreinal, la caliente Franja de Gaza, la Argentina crispada de 1847 bajo la impiadosa gestión rosista, la guerra de los Balcanes que entre 1991 y 2001 desintegró la antigua Yugoslavia, todos los escenarios calientes de la historia se asoman en sus libros. Hasta que llegó “La tía Cósima” (SUMA).

En su nueva novela, Bonelli parece dispuesta a consumar varias transgresiones al mismo tiempo, desde la utilización de la primera persona –en sus dos variantes de narradores simultáneos, uno femenino y otro masculino- hasta la presentación de una historia que transcurre en el aquí y ahora de la Argentina: sin guerras y sin conflictos de clases pero con una historia que arranca con el buylling de un adolescente hacia una compañera de escuela, un hostigamiento que años después se explicará como una maniobra defensiva frente a un deseo que va en contra de los mandatos.

Es que Ignacio Lanz Reuter tiene la perfección corpórea de las estatuas renacentistas y fue criado para venerar la belleza canónica, un requisito que ha pasado de largo en la vida de Cósima Facchinetti, una niña de mirada estrábica y cuerpo con redondeces que genera la desaprobación de la madre del chico. Esa encrucijada entre seguir su instinto y complacer el deseo materno se traduce en un buylling sobre la joven que será persistente durante toda la escuela secundaria.

En la actualidad de la novela, Cósima ha domesticado en parte su “imperfecciones” y todo ese pasado de sometimiento quedó atrás a fuerza de años de estudio y especializaciones que la convirtieron en una eminencia en trastornos del espectro autista, casualmente la enfermedad que afecta al hijo menor de Lanz Reuter. Cómo ha procesado cada uno de ellos esa relación del pasado y en qué condiciones están para afrontar una atracción que parece inevitable es el gran núcleo de esta novela de casi 600 páginas.

La autora que lleva vendidos más de tres millones de ejemplares de sus libros está instalada desde hace meses en una localidad próxima a Basilea (Suiza), una de las tantas ciudades europeas donde se ha radicado para acompañar a su marido en sus compromisos laborales. Desde allí, en una charla vía Zoom, explica la génesis de su novela y asegura que no se siente interpelada por el cuestionamiento que hacen los feminismos del amor romántico. “Lo que critican las chicas feministas no es amor: es una relación humana enferma, patológica y psicópata. Tratemos de salvar al amor. Las feministas padecen a hombres totalmente ridículos y machistas y ya están como desgastadas. Yo las entiendo”, dice.

Fuente: Telam

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