
El abogado Juan Arregín alertó en La Mañana de Natagalá sobre la gravedad de las amenazas y pintadas registradas en establecimientos educativos y advirtió que estos hechos “no son una picardía”, sino conductas tipificadas en el Código Penal.
“Lo que hicieron los chicos se llama intimidación pública y prevé una sanción de entre 2 y 6 años de prisión”, explicó, al tiempo que remarcó que incluso menores de 16 y 17 años pueden enfrentar consecuencias legales.
Las autoridades investigan una serie de amenazas de tiroteosque afectaron a instituciones educativas en todo el país. Bajo el mensaje recurrente "Mañana, tiroteo", estas advertencias halladas principalmente en baños y paredes escolares generaron una fuerte alarma social, especialmente tras el reciente asesinato de un menor en una escuela de Santa Fe vinculado a comunidades virtuales violentas.
El letrado asoció el fenómeno con una serie de factores sociales y culturales que impactan en adolescentes. “Se han llamado la atención sobre una población adicta a una pantalla y a redes sociales que generan ansiedad y dependencia”, sostuvo.
También apuntó a la crianza: “en tren de querer ser mejores padres, nos convertimos en malos padres”, afirmó, al señalar que la sobreprotección y la baja tolerancia a la frustración influyen en las conductas actuales.
En ese marco, Arregín describió un deterioro en los vínculos entre familia y escuela. “Le hemos quitado autoridad a los docentes”, indicó y agregó que hoy los conflictos se trasladan sin resolución entre ambos ámbitos. “Los chicos hacen lo que quieren y la justicia no da respuesta”, expresó, planteando la necesidad de recuperar el trabajo conjunto en la formación y contención de los estudiantes.
Asimismo, subrayó el impacto de los desafíos virales y la presión de pares en la escalada de conductas de riesgo. “Las picardías de hoy han subido de tono y generan este estado lamentable”, señaló. En esa línea, advirtió que las consecuencias pueden ir más allá del ámbito escolar: “después todos nos asustamos, pero algún día no va a ser una mentira y ahí sí vamos a llorar”.
Finalmente, el abogado insistió en la necesidad de retomar el diálogo en los hogares y prestar mayor atención a las señales de los adolescentes. “Los chicos se cansan de avisar y nosotros a veces no les prestamos atención”, afirmó. Y concluyó: “todo nace y termina en la casa; si fallamos en eso, no esperemos un buen futuro”.
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