
En el Día del Maestro, Celia Inés Pérez, docente de la EEP Nº 400 San Fernando del Río Negro, repasó sus 25 años de trayectoria y compartió su mirada sobre los desafíos actuales de enseñar.
Desde 2006 forma parte de la institución del barrio San Cayetano, donde actualmente está al frente de cuarto grado y acompaña en Matemática a un grupo de alumnos con el que trabaja desde primer grado. “Con los niños, con los padres, somos como familia”, expresó en La Mañana de Natagalá.
Para Celia, uno de los principales cambios en las aulas está relacionado con la tecnología y la dificultad para sostener la atención de los estudiantes.
Por eso, contó que busca permanentemente nuevas propuestas para acercarlos a los contenidos. “A mí particularmente me preocupa mucho… estoy continuamente pensando qué actividades, qué estrategias buscar con ellos para acaparar su atención”, señaló.
En ese sentido, explicó que las estrategias también deben adaptarse a cada grupo: “continuamente es buscar, buscar, buscar y ver qué me resulta con un grupo, capaz que el año que viene ya no me resulte con ese y tengo que usar otras estrategias”.
En sus clases de Matemática incorpora juegos, dibujos, dados, cartas, plastilina y actividades vinculadas con situaciones cotidianas, como trabajar las fracciones a partir de una pizza. La escuela no permite el uso de celulares durante las clases y, para Celia, el juego también tiene un lugar importante en el aprendizaje.
“En mi salón, generalmente el silencio no existe. Porque yo sé que ellos son niños y me encanta que puedan disfrutar”, afirmó. Esa mirada también se refleja en una frase que la institución repite cada mañana: ante la pregunta “¿A qué venimos a la escuela?”, los chicos responden: “a ser felices”.
La docente considera que acompañar emocionalmente a los alumnos forma parte de enseñar. “La niñez pasa tan rápido y es un momento tan lindo que, bueno, yo le doy mucha importancia también a lo emocional”, sostuvo.
Su vínculo con la EEP Nº 400 tiene además una historia personal: fue alumna de la institución cuando era niña, vivió en el barrio San Cayetano y años después sus propios hijos también concurrieron allí. “Yo me siento en mi casa”, resumió al hablar de una escuela que atraviesa buena parte de su vida y de sus 25 años de docencia.
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