San Lorenzo esbozó la columna vertebral de un equipo serio. Un arquero, Navarro, que saca manos milagrosas cuando su valla parece vencida. Una dupla central (Senesi-Coloccini) que ofrece garantías y rechaza todos los centros que le llueven en su área. Un mediocampista central (Menossi) que sabe cuándo presionar y cuándo replegarse.

Pero, sobre todo, un delantero (Blandi) que no necesita acomodarse para definir de primera y sellar el partido, como en la jugada del 2-0. Esas fueron las señas particulares del Ciclón en el primer tiempo, que jugó con las ideas claras. Los goles de Juan Ramírez (luego de un quite de Menossi, que presionó bien alto y entregó la asistencia) y Blandi le permitieron darse el lujo de regular el trámite en el segundo tiempo. La expulsión de Álvarez Suárez, diez minutos después del reinicio del juego, también lo ayudó.

Así como San Lorenzo encontró a un gran Belluschi como conductor, también tuvo a Blandi en una mejor versión. El "olé, olé, olé... Nico... Nico" cuando el capitán fue reemplazado por Adolfo Gaich fue la síntesis de un delantero que se reinventa. Pasó de ser referente y titular para Almirón a estar cuarto en la lista de preferencias de Juan Antonio Pizzi (arrancaba detrás de Adam Bareiro, Alexander Díaz y hasta el propio Gaich); a volver a ser titular y convertir su segundo gol en la Superliga. Su historia, en definitiva, guarda puntos en común con las de Navarro, Coloccini o Belluschi. Nombres propios del Ciclón que parecen volver a los buenos viejos tiempos.

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