
En el marco del Día Mundial del Corazón, el médico cardiólogo Jorge Kriskovich llamó a prestar atención a la prevención de las enfermedades cardiovasculares y a los factores de riesgo que pueden aparecer cada vez a edades más tempranas.
Explicó que la fecha, impulsada por la Federación Mundial del Corazón, busca poner en agenda el impacto de estas enfermedades y recordó que, además de las muertes prematuras, generan morbilidad, discapacidad y pérdida de calidad de vida.
“El lema de este año de la Federación Mundial del Corazón es ‘no pierdas ni un latido’”, señaló, en La Mañana de Natagalá, al remarcar la necesidad de cuidar la salud cardiovascular desde cada latido.
El especialista relacionó ese escenario con cambios en los estilos de vida, entre ellos el sedentarismo, la alimentación no saludable, la obesidad, el tabaquismo y el estrés.
Señaló que dos de cada tres personas no realizan actividad física suficiente y que enfermedades que antes aparecían principalmente en adultos, como la diabetes tipo 2 y la hipertensión arterial, hoy pueden encontrarse en adultos jóvenes e incluso en personas de menor edad.
En ese sentido, planteó que la prevención requiere conocer parámetros básicos de salud como la presión arterial, la glucemia y el colesterol, además de sostener controles médicos periódicos.
Sobre la frecuencia de esos controles, Kriskovich aclaró que depende de las características y factores de riesgo de cada persona. En un adulto joven sin antecedentes familiares, exceso de peso u otros factores de riesgo y con valores normales, consideró que puede ser suficiente mantener una referencia y realizar un control anual.Cuando aparecen factores de riesgo, en cambio, los controles deben ser más cercanos.
También remarcó que un electrocardiograma normal no constituye una garantía de que no vaya a existir una enfermedad cardiovascular: “un estudio complementario complementa una evaluación clínica. Nada reemplaza a un buen control médico donde se sabe de qué paciente estamos hablando”.
En relación con el colesterol, explicó la diferencia entre LDL y HDL y señaló que el aumento del LDL se asocia con mayor enfermedad aterosclerótica, por lo que las recomendaciones actuales apuntan a mantener valores cada vez más bajos de acuerdo con el riesgo cardiovascular de cada paciente.
Para la vida cotidiana, recomendó incorporar actividad física de manera progresiva, mejorar la alimentación, sumar frutas y verduras, evitar el agregado de sal y tomar agua. También relativizó la idea de los “permitidos” como una oportunidad para excederse: “tenemos que hablar de un plan de alimentación de algo que se sostenga en el tiempo y no de una dieta”.
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