Los movimientos antivacunas que se expanden por todo el mundo "están matando gente" y no solo a los que deciden no inmunizarse sino también al resto "al poner en riesgo nuestra capacidad para contener al coronavirus", afirmó en entrevista con Télam Imran Ahmed, fundador y CEO de una ONG internacional que se encarga de monitorear grupos que promueven el odio y la desinformación en redes sociales y plataformas digitales.

Detrás de estos discursos, que también circulan en servicios de mensajería como WhatsApp y Telegram, existen actores con intereses económicos (vender sus productos y promocionar sus sitios web), otros con motivaciones políticas (socavar un gobierno y las instituciones científicas) y los que promueven la xenofobia (culpando a extranjeros del origen y transmisión de la Covid-19), entre las categorías que enumera el Center for Countering Digital Hate (Centro para la Lucha contra el Odio Digital).

Esta organización, con sede en Londres y Washington DC, reveló en un informe que 12 personas son responsables del 65% del contenido en inglés contra las vacunas y las medidas impuestas por los gobiernos, mientras que las audiencias susceptibles a estos mensajes aumentaron de 10 millones a 60 millones en los primeros meses de la pandemia.

En ese sentido, Ahmed criticó a las grandes empresas tecnológicas como Facebook o Twitter por "no cumplir sus propias reglas" al permitir que estos grupos difundan noticias falsas y apuntó: "En medio de una pandemia es irresponsable buscar información en redes sociales y no en fuentes oficiales".

Télam: A pesar de todos los hechos y estadísticas que sabemos hoy de la Covid-19 los movimientos antivacunas parecen en aumento, ¿Esto es así?

Imran Ahmed: Al comienzo de la pandemia, la industria antivacunas vio la oportunidad de aumentar la cantidad de personas que los escuchan. Y han sido muy efectivos.

Su audiencia de habla inglesa pasó de más de 10 millones de personas hasta 60 millones en los primeros meses. Su trabajo no consiste en convencer a la gente, sino confundirlos acerca de los hechos.

T.: ¿Qué plataformas utilizan para esto?

I.A.: La plataforma principal son las redes sociales porque saben que los medios de comunicación no cubren a una persona loca que grita teorías sobre microondas 5G. Las redes sociales son realmente su campo de juego y nosotros alertamos a las empresas y los gobiernos que, en una pandemia, la gente se iba a quedar en sus casas y las redes sociales iban a ser vitales. Lo que hacen estos movimientos es difundir información errónea en lugar de hechos. El número de muertes atribuibles a las vacunas es cercano a cero y el de fallecidos por Covid-19 supera los 5 millones en todo el mundo. Las vacunas han salvado vidas.

T.: Esto trae serias consecuencias que vemos hoy casi un año después de iniciada la vacunación en Occidente…

I.A.: Estos movimientos están matando gente. Es así de simple: hay personas ahora mismo en los hospitales que no pueden respirar y le están diciendo a los médicos que pensaban que era la vacuna la que les iba a hacer daño. Piden que se las administre en ese momento cuando ya es demasiado tarde. Además ponen a todos en peligro. Vacunarse no es una decisión individual. Es vital también para otros. Están poniendo en riesgo toda nuestra capacidad como mundo para contener este virus.

T.: ¿Detrás de estos grupos hay partidos de extrema derecha y conspiranoicos o es demasiado simple plantearlo así?

I.A.: Es un conjunto complejo de personas con diferentes motivaciones. Hay un grupo que produce desinformación médica para vender sus propios productos como libros, productos y sitios web. Esa es la industria antivacunas y hay 12 personas que calculamos como responsables del 65% del contenido que circula en los países de habla inglesa. Luego hay movimientos que usan la desinformación para sus propios fines, como los antigobiernos que son los que afirman que el gobierno está tratando de matarte dándote una vacuna que es peligrosa. Hay personas de extrema derecha que afirman que los chinos están detrás de todo esto, mientras que en India por ejemplo se culpa los musulmanes hablando de una corona-yihad.

T.: ¿Las empresas tecnológicas y los Gobiernos no están haciendo lo suficiente para combatir esta desinformación?

I.A.: Esto no está ocurriendo en lugares oscuros. Los movimientos antivacunas tienen una visibilidad que no tuvieron antes. Son como submarinos, salen cuando es el momento de intentar llegar a personas y durante los últimos meses han estado en la superficie. Están visibles y a pesar de eso no se tomaron medidas reales. Las redes sociales ya vetaron a personas que utilizaron información errónea para dañar a otros, por lo que acá simplemente tienen que hacer cumplir sus propias reglas. Las limitaciones de los gobiernos son más claras y sensatas: nadie quiere que se elimine a una persona de las redes sociales por orden de un gobierno. Pero sí existe una gran cantidad de evidencia presentada por organizaciones sociales, académicos respetados y centros de investigación como el nuestro pero, aun así, se niegan a tomar medidas.

T.: ¿La aparición de la variante Ómicron es una oportunidad para difundir más desinformación?

I.A.: Todo es una oportunidad para estos movimientos. La base de la desinformación es que no tiene que estar sustentada en hechos. Los científicos tienen que estudiar la variante, comprender qué está pasando, averiguar cuál es el efecto, esperar a que lleguen las estadísticas y analizar los casos, mientras estos grupos simplemente pueden darle la espalda a todo esto y asegurar que acaban de lanzar una nueva versión de la enfermedad. No están en el negocio de la ciencia ni de las pruebas, están en el negocio de construir sus propias audiencias.

T.: ¿Qué recomienda entonces para no caer en sus garras?

I.A.: Es simple, no asumir como cierta la información que circula en redes sociales porque no son un entorno seguro para leer información científica. Cualquiera puede hacerse pasar por un médico o una enfermera que finja decir algo. En medio de una pandemia buscar información en las redes sociales es irresponsable. Lo que debemos es acudir a fuentes oficiales de información como la OMS, organismos estatales de salud o tu propio médico para obtener asesoramiento.

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