El estadounidense Logan Paul es un fenómeno de las redes sociales. Tiene 23 millones de seguidores sólo en su canal de YouTube y 9 millones y medio más en su cuenta de Instagram, adonde sube videos musicales, bromas con sus amigos y dibujos animados. A sus 26 años, es un referente de adolescentes y veinteañeros de todo el mundo que interactuan con él y que constituyen un mercado apetecible para las grandes marcas y las cadenas de televisión, que ven en Paul y su hermano Jake, un magnetismo que no creen encontrar en otras figuras mucho más consolidadas y de mayor prestigio.

A fines de 2019, Logan Paul empezó a dedicarse al boxeo. Hizo una pelea en Los Angeles ante el youtuber inglés KSI y cobró 900 mil dólares de bolsa que multiplicó varias veces con los ingresos que generó en sus redes sociales. Ahora, ha decidido levantar la apuesta y a hacerlo a lo grande: este domingo a las 21 y con televisación para la Argentina a través de ESPN enfrentará en el Hard Rock Stadium de Miami a Floyd Mayweather, que a los 44 años y con un record invicto de 50 victorias, 27 de ellas antes del límite, no quiso quedarse afuera del negocio: el excuádruple campeón del mundo volverá a calzarse los guantes para llevarse una bolsa de 50 millones de dólares. Paul cobrará 18 millones. Pero si la cadena Showtime que emite la velada para los Estados Unidos vende todas las pantallas de pay per view que prevé, los dos tranquilamente podrían duplicar sus ingresos.

Será una exhibición con formato de boxeo, pactada a 8 rounds, con guantes de 12 onzas y sin cabezales de protección. No habrá fallo oficial, pero si está contemplado que puede haber nocaut y que el árbitro designado por la Comisión Atlética del estado de la Florida, puede detener las acciones en caso de superioridad manifiesta de uno sobre otro. La participación de Mayweather en semejante emprendimiento ha levantado muchísimas críticas. Pero su presencia les garantiza ventas de pantallas e ingresos a los ejecutivos de las grandes cadenas televisivas, ansiosos por incorporar al boxeo una audiencia juvenil que no consume el deporte y que en algunos casos si se interesa por las artes marciales mixtas u otras disciplinas de combate.

“Yo me retiré del boxeo pero no del espectáculo ni de ganar dinero”, dijo Mayweather durante la semana, confiado en que podrá ganar recurriendo a lo sumo al 30 por ciento de sus aptitudes, como cuando en agosto de 2017 derrotó antes del límite a Connor Mc Gregor. Dará ventajas de peso y estatura, pero eso no parece importarle, lo único que le interesa es seguir incrementando su fortuna personal, estimada en 340 millones de dólares. Logan Paul cree que puede ganarle: “No tengo nada que perder, y esto será divertido para mí. Jugaré con Floyd, lo agotaré y lo golpearé duro, voy a desarmarlo tanto física como mentalmente”, declaró con exceso de optimismo.

El pleito carece de cualquier valor deportivo y representa una operación comercial multimillonaria y una megaproducción de la industria del entretenimiento como puede serlo la entrega de los Oscars o un show de una gran figura de la música. Hay que tomarlo como eso, ni más ni menos. El boxeo es una simple excusa para seguir haciendo dinero a partir de la atracción que producen un gran campeón del pasado como Mayweather y un ídolo de las redes sociales como Logan Paul.

Fuente: Página12

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