Maestra y profesora de Letras, humorista gráfica, periodista y libretista de tevé, tenía 94 años. Desde 1953, momento en que fue parte de la revista “Mucho gusto”, no abandonó a sus lectores con recetas tanto dulces como saladas

Este miércoles 28 de agosto millones de argentinos despiden a una de las cocineras más populares y, a su vez, didácticas: Blanca Cotta murió a los 94 años. Y con ella se van miles de recetas que deleitaron a varias generaciones, las que aprendieron a cocinar de su mano -o al menos, a intentarlo-, siguiendo al pie de la letra sus indicaciones y sus particulares dibujos, toda una marca de Cotta.

Nacida el 14 de marzo de 1925 en Buenos Aires, luego de pasar un tiempo en el Interior del país se radicó con su familia en el sur del gran Buenos Aires, donde inició sus estudios y su formación académica como docente; se recibió con medalla de honor.

“Yo no elegí Quilmes para vivir: fue mi destino -contó alguna vez en una entrevista realizada por ex alumnos suyos-. Vivíamos en La Pampa y mi padre era allí director de la Escuela Normal.

Un día recibió la noticia que lo trasladaban a Quilmes ¡Y aquí aterrizamos, allá por el año 1932! Comencé mis estudios primarios, desde primer grado inferior, con la señorita Sara Vilá. Aquí me recibí de maestra. Aquí, en Quilmes, pasé los mejores años de mi adolescencia. Aquí conocí a Carlos (Geronés, su marido). Aquí eché a volar los sueños más lindos de mi adolescencia. Aquí disfruté del tiempo en que éramos todos y no había ausencias cuando nos reuníamos alrededor de la mesa”.

La cocina estuvo en la vida de Blanca desde siempre. Así fue como un día de 1953 llegó a ser secretaria de redacción de la revista Mucho Gusto, de la que fue parte hasta 1960. De ahí a la versión televisiva del ciclo, Buenas tardes, mucho gusto, que se emitía por Canal 13, una de las principales vidrieras de las máximas exponentes de la cocina y los temas que importaban a la mujer actual.

En la prensa gráfica comenzó en el diario Clarín con sugerencias para la ama de casa en el Suplemento Rural, para luego integrarse al suplemento dominical con recetas propias o recreadas del recetario histórico argentino. Además, desde la revista Anteojito se dedicaba a presentar recetas fáciles para que los chicos pudieran realizar en su casa.

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