Los policías entraron a la vivienda de Cielo Drive 10050 sin saber lo que les esperaba. Cruzaron el portón y se acercaron a un auto estacionado en medio del parque. Por la ventanilla vieron a un joven tirado, desparramado en la parte de adelante, con un brazo inerte colgado del volante. Le habían disparado varias veces. Era tanta la sangre que se hacía difícil determinar de qué color era el tapizado.

Los policías siguieron avanzando hacia la casa. Antes, algo le llamó la atención y se desviaron unos pasos. En el césped refulgía una camisa de colores chillones. Pertenecía a un hombre que también estaba muerto. El pasto en ese sector ya no era verde. Las puñaladas que había recibido, decenas de ellas, habían hecho que la sangre formara un pequeño lago rojo debajo del cuerpo.

El cuerpo de Sharon Tate, tras el asesinato (AP)

A unos pocos metros, boca abajo, otro cuerpo sin vida. En este caso de una mujer. Todos, además de los disparos y las cuchilladas, presentaban muchos golpes. Ninguno intentó comprobar si aún respiraban. Era inútil. Nadie hubiera podido sobrevivir a tamaña violencia.

Los hombres se detuvieron ante la puerta de entrada a la casa. Sus manos temblaban y apenas podían sostener las armas reglamentarias. Pigs. Cerdos. Eso estaba escrito en la puerta de entrada. Las letras chorreantes. La tinta había sido sangre. No sabían qué podían encontrar en esas habitaciones. Les costaba imaginar algo peor de lo que ya habían visto.

En el living una mujer de costado, en posición fetal, cubierta apenas con una biquini floreada. Las flores del estampado y los colores alegres hacían más macabra la escena. Cuando giraron para verla desde el otro lado, percibieron que la mujer con una cuerda alrededor de su cuello y repleta de heridas producto de múltiples puñaladas tenía un embarazo muy avanzado.

Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten formaron parte del Clan Manson

La panza enorme les terminó de quitar el aire a los investigadores que siguieron avanzando sin pensar, casi sin voluntad, ya sin estar alertas a un posible ataque. Eran zombis paseando por un paisaje de muerte. Al llegar a la habitación principal encontraron otro cadáver, el último. Varios balazos y puñaladas. La sangre en el piso, los acolchados, en vastas manchas en las paredes.

Los dos hombres, los únicos vivos en medio de eses festival del horror, salieron de la vivienda. Para llegar a su auto y dar aviso para que enviaran refuerzos, uno de ellos, el agente De Roza apretó el botón cubierto de sangre que permitía abrir el portón automático de entrada. Allí, obnubilado por lo visto, embriagado por el hedor de la muerte, dejó sus huellas digitales.

Cuando un superior le cuestionó la actitud, le enrostró que había inutilizado una prueba muy importante, le preguntó por qué lo había hecho. De Rozas sólo atinó a responder: “Tenía que salir de ahí”.
Hoy se cumple medio siglo del asesinato de Sharon Tate, embarazada de ocho meses, y cuatro personas más a manos del Clan Manson o La Familia.

Esos crímenes seguidos la noche siguiente por los del matrimonio LaBianca marcaron una época y dieron a conocer al mundo a Charles Manson, el líder de esa especie de secta.Manson se convirtió en un misterio, en una figura enigmática y hasta de culto. Líder carismático, satanista, criminal, músico frustrado, psicópata.

Los crímenes de La Familia produjeron un gran impacto e indicaron que una era estaba llegando a su fin, que se estaba agotando. Faltaban la aparición de los últimos dos discos de Los Beatles, el anuncio oficial de su disolución, Woodstock -que empezaría una semana después- y Altamont, el festival en que los Hell’s Angels se encargaron de la seguridad en la actuación de los Rolling Stones y asesinaron un espectador.

Pero esa noche del 9 de agosto en la mansión de Cielo Drive empezaron a extinguirse los años sesenta. Fue el despertar abrupto y cruel de un largo sueño.

Así lo vio también Joan Didion: “Mucha gente que conozco en Los Ángeles cree que los sesenta se terminaron de golpe el 9 de agosto de 1969, en el momento exacto en que la noticia de los asesinatos de Cielo Drive se propagó como un incendio por toda la comunidad, y en este sentido tienen razón. Aquel día estalló por fin la tensión. La paranoia se cumplió”.

Charles Manson hasta sus 30 años había pasado más tiempo encerrado en instituciones y cárceles que en libertad. Robo de autos, robos a mano armada, abusos y varios delitos menores más. Luego, intentó un camino en la música. Cada intento fracasaba.

Se relacionó con varios de los músicos en esa California efervescente de esos años.

Al mismo tiempo, mientras vivía en casas prestadas o intrusadas, fue dando forma a una cofradía, clan o secta según se lo quiera mirar. Con un discurso etéreo, confuso, carisma y una imagen calma, logró convocar varias personas a su alrededor. Muchas de ellas chicas muy jóvenes. Vivían en una especie de comunidad. Las mujeres del clan eran utilizadas para atraer posibles integrantes.

La novela Las Chicas de Emma Cline muestra de qué manera y en qué circunstancias esas chicas podían caer bajo el influjo de Manson. Uno de los personajes dice sobre el líder (llamado Russell en la novela pero claramente inspirado en estos eventos): “El sitio al que vamos es una forma de vida. Él nos está enseñando a encontrar el camino a la verdad, a liberar sus auténticos yos, enroscados en su interior. Es distinto de cualquier otro humano.

Capaz de entender los mensajes de los animales. Puede sanar a un hombre con las manos, arrancar la podredumbre que hay en ti tan limpiamente como un tumor. Puede ver dentro de las personas”.

Charles Manson, como en un pase de magia, pasó de ser un convicto condenado por (decenas) de delitos graves a un gurú espiritual que atraía desclasados, desplazados, drogadictos y jóvenes que intentaban encontrar su lugar en ese mundo tan cambiante.
Manson quería ser músico, triunfar en esa industria.

Buscaba con denuedo su oportunidad. Parecía que la chance había llegado cuando entró en contacto con Dennis Wilson, fundador y baterista de los Beach Boys (quien además en 1977 sacó un gran disco solista Pacific Ocean Blue).

Wilson manejaba por una ruta cuando levantó en su auto a dos chicas que hacían dedo. Ellas, integrantes de La Familia, le hablaron de El Mago. Se referían a Manson. Wilson quedó intrigado pero se olvidó bastante rápido del episodio. Vivía muy rápido.

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