El equipo de Gallardo aplastó a Lanús con los goles de Borré (de penal) y Matías Suárez (2). De la Cruz falló un penal porque lo “picó” mal y Rossi -el único que dio la cara en el Granate- se lo atajó... sentado.

La diferencia es abismal. River vuela sobre el césped del Monumental. Teje línea de pases. Arma circuitos con máxima velocidad. Triangula. Pisa el área con autoridad. Lanús corre detrás de la pelota, sucumbe ante esos movimientos aceitados.

El resultado, entonces, tiene lógica. Un dos a cero que queda corto en el primer tiempo. Porque pudieron ser tres o cuatro gritos en esas tribunas cargadas, sin exageración alguna. Y la goleada se dibuja con ese cabezazo de Matías Suárez, muy a pesar de un magnífico Agustín Rossi, el único futbolista granate que dio la cara, quizá impulsado por su pasado azul y oro. Si hasta ataja un penal sentado, gentileza de Nicolás De La Cruz.

River también está dispuesto a pelear el campeonato, ese pagaré que todavía tiene que levantar Marcelo Gallardo. Había dicho el Muñeco, consumada la clasificación a los cuartos de final de la Copa Libertadores:

"Tenemos que seguir mejorando". No le faltaba razón, aun en la opulencia del éxito. Le había costado engranar las piezas contra Gimnasia de Mendoza, Cruzeiro y Argentinos. Fueron cuatro partidos que generaron un montón de interrogantes. Con Javier Pinola, Leonardo Ponzio y Nacho Scocco fuera de carrera, más Lucas Pratto entre algodones por la lesión que arrastra desde la pretemporada, el laureado entrenador tuvo que hacer una redistribución de sus recursos. Con un plus, claro: la idea madre no se negocia.

El penal que allanó el camino de River expuso un mal endémico de nuestro fútbol: no es un pecado salir jugando por abajo, ya que se pueden generar espacios detrás de la primera línea de presión del rival. El problema es cuando el futbolista decide mal. Y ante el asedio extremo, nadie recriminará un pelotazo largo. Santos Borré agobió a Nicolás Pasquini, Montiel a Lautaro Valenti y Ezequiel Muñoz bajó a Suárez. El colombiano aseguró el tiro desde los doce pasos como en Belo Horizonte.