BARCELONA.- Lionel Messi siempre ha intentado atar su imagen exclusivamente a la pelota. Ha evitado jugar un papel político en la Argentina y en Barcelona. Ni en las elecciones del Barça de 2010, tampoco en las de 2015, cuando ya era el tótem absoluto del Camp Nou, el rosarino se pronunció en favor de uno u otro candidato para liderar el club.

En 2017, el presidente azulgrana, Josep Maria Bartomeu, buscó linkear su mandato -expira en 2021- con el contrato del capitán. No pudo. Messi pidió que su vínculo finalizara en 2020 y se guardó la opción unilateral de estirar su continuidad por una temporada más.

Fue entonces, justo después de que el Barça anunciara la renovación del Nº 10, cuando Neymar se marchó de manera estruendosa de Barcelona. Un golpe para el equipo que dirige Ernesto Valverde y para la relación entre los pesos pesados del vestuario y la directiva. Una relación tensa, en la que todos quieren el poder, pero nadie quiere reconocerlo.

“Si alguien cree que Bartomeu es el que más poder tiene en el club, es que no entiende nada de fútbol”, subraya por lo bajo un directivo de Barcelona. “Es obvio que no mando. Soy un jugador más”, replicó Messi en una entrevista al Diario Sport. Después de los últimos batacazos en la Champions League, el vestuario está obsesionado con volver a levantar la Orejona. Y entendían que el regreso de Neymar era lo que necesitaban para recuperar el reinado en Europa.

La secretaria técnica del Barça reemplazó la fuga del brasileño con Coutinho y Dembélé. El excrack de Liverpool se deprimió y se marchó a Bayern Munich; el francés no da pie con bola, siempre más cerca de la enfermería que de las canchas. Barcelona volvió a salir al mercado el pasado verano y después de pagar 75 millones de euros por De Jong (elegido el mejor volante de Europa), pidió un crédito para afrontar los 120 millones de la cláusula de Griezmann. Al campeón del mundo en 2018 con Les Blues lo deseaban tanto en los despachos como lo desprecian en el vestuario. “Anda siempre solo, le hacen el vacío”, cuentan en la Ciudad Deportiva. “La verdad es que apenas nos hemos podido ver”, justifica Messi.

Leo, al mismo tiempo, no esconde cuál era su deseo. “Me hubiese encantado que viniera Neymar”. El presidente Bartomeu intentó hasta último momento complacer al vestuario, incluso dudó en pagar lo nunca visto por un jugador que hace dos temporadas que anda extraviado, ausente en los momentos claves del club parisino y de la selección brasileña.

“El PSG no se movía de los 300 millones. Querían 150 en cash, más tres jugadores: Rakitic, Semedo y la cesión de Dembélé”, explican desde el Barça. Después de dos expediciones azulgranas a París, el fichaje de Neymar lo bajó la tesorería: “Era inviable”. El rosarino, sin embargo, no era ajeno a la complejidad que rodeaba al regreso de su amigo. “Entiendo que es muy difícil negociar con el PSG”, subrayó. Y añadió: “Sinceramente, no sé si el club hizo todo lo posible para ficharlo”.

En Barcelona, en cualquier caso, niegan que el frustrado pase de Neymar haya generado un mayor distanciamiento entre la directiva del Barcelona y su jugador franquicia. “No veo ningún pulso. No existe ninguna grieta entre Messi y el club”, aseguró Josep Vives, portavoz de la junta directiva.

Sin Neymar y con Griezmann, el nuevo Barça de Valverde no arranca. Esperan, en cualquier caso, el regreso de Messi. El rosarino no ha podido estrenarse en la temporada, lesionado en el sóleo de la pierna derecha desde el día que volvió a trabajar con sus compañeros, el pasado 5 de agosto.

“Es normal. Muchos jugadores se rompen cuando vuelven a entrenarse después de las vacaciones”, justificaban en el club. El Nº 10 disputó su último partido con el Barça el pasado 25 de mayo en la derrota en la final de la Copa del Rey ante Valencia y no juega un encuentro oficial desde su expulsión frente a Chile en el duelo por el tercer puesto en la Copa América de Brasil 2019, el 6 de julio. Un triunfo por 2 a 1 del equipo argentino, que incluyó la expulsión del crack. Más de tres meses sin jugar con el Barça y más de dos sin disputar un partido.

La lesión de Messi tiene en ascuas al Barcelona. Celebraron en el club que el rosarino se mostraba en las redes sociales trabajando junto a Juanjo Brau, el kinesiólogo que se había acostumbrado a ser la sombra del Nº 10 hasta 2013.

“En lo profesional y personal no ha existido ninguna diferencia, ni distanciamiento más allá del propio que pueda surgir de no estar tan cerca en el trabajo diario”, explicó Messi, en su momento, de la ruptura con Brau. El rosarino no viajó a la gira del Barça por Estados Unidos y en el club hasta lo vieron como positivo: “Puede hacer una buena pretemporada”. Pero cuando el capitán parecía que ya estaba cerca de volver, saltaron las alarmas.

“Era algo sencillo”, contó Messi; “estuve quince días y cuando pensé que estaba bien, en uno de los entrenamientos antes de Betis (el 25 de agosto) me resentí un poquito y se me abrió un poquito más. Eso hizo que tenga que estar más tiempo parado y tenga que estar aún ahora parado”.

El capitán no jugará mañana ante Valencia y su presencia en el estreno de Barcelona en la Champions League del próximo martes en Dortmund está en el aire. “Leo no va a forzar para volver. Se lo está tomando todo con calma. Es un poco sorprendente, sí. Por primera vez no parece desesperado por volver a jugar”, sostienen en la Ciudad Deportiva de Barcelona.

A los 32 años, a Messi lo espera una temporada exigente. En el año en el que puede dar fin a su vínculo con Barcelona, la Champions es su gran objetivo, mientras tiene en la mira la Copa América 2020.

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